dimecres, 22 d’octubre de 2008

La nómina de mi padre


No sé su autenticidad pues me ha llegado, como tantas cosas por email. Al margen de su autoría, puedo dar fe que los datos son fidedignos. Preciasamente estaba trabajando en una continuación sobre la economía y la "crisis". Esto me viene como anillo al dedo:


La nómina de mi padre en diciembre de 1979 era de 38.000 pesetas. Él trabajaba como peón en una obra. En ese mismo momento le ofrecieron comprar una casa. Le pedían un total de 500.000 pesetas por ella. Decidió no arriesgar y continuar viviendo en régimen de alquiler, en unas condiciones muy buenas. Se trataba de una casa modesta pero muy bien ubicada, en pleno centro de un pueblo cercano a Barcelona. A los pocos meses mi padre y mi madre compraron un terreno en otro pueblo de la misma provincia y en menos de cinco años de esfuerzo ya habían levantado y pagado una vivienda de 120m2.


Han pasado 27 años. En 2006 y en el mismo pueblo donde viven, un piso modesto de 75m2 a las afueras no se encuentra por menos de 35 millones de pesetas, y estoy siendo muy generoso.En el año 1979 el coste de un piso era del orden de 14 mensualidades de un peón de obra 38.000 pts/mes x 14 meses = 532.000 pts. El sueldo en 2006 de un universitario recién titulado en ingeniería informática sin experiencia profesional no llega a las 200.000 pesetas mensuales. En el año 2006 una vivienda modesta cuesta 175 mensualidades (14 anualidades!!!!) de un ingeniero informático.


200.000 pts./mes x 175 meses=35.000.000 pts.


Los jóvenes de hoy necesitaríamos cobrar 2,5 millones de pesetas mensuales para estar en igualdad de condiciones con nuestros padres que compraron una vivienda a principios de los años 80.


2.500.000 pts/mes x 14 meses = 35 Mill. de pts


Los pisos en el año 2006 deberían costar 2,8 millones de pesetas para que los jóvenes de hoy estemos en igualdad de condiciones con nuestros padres en 1979.


200.000 pts/mes x 14 meses = 2.800.000 pts


No encuentro adjetivo alguno en el año 2006 para calificar lo que mi padre consideró arriesgado en 1979. Está claro que los pisos no van a pasar a costar de la noche a la mañana 30 veces menos, de 35 a 3 millones. También está claro que no voy a cobrar 2,5 millones de pesetas mensuales, por muy buen trabajo que encuentre y por muchos estudios que tenga. Lo primero que se le ocurre a uno es seguir viviendo en casa de sus padres y ahorrar el 100% del sueldo durante los próximos 14 años, para el año 2020 (yo rondaré ya los 40 años de edad) tendré el dinero suficiente para comprar una vivienda al coste del año 2006 pero, por supuesto, no al coste del año 2020. Evidentemente esta ocurrencia la desecha uno antes de hacer cualquier cálculo. Aunque un joven bienintencionado consiga ahorrar 2, 4 o 6 millones con mucho esfuerzo en pocos años, a día de hoy nunca podrán evitar:

1) Pedir un préstamo al banco a 40 o 50 años (si consigues ahorrar 2, 4 o 6 millones puedes reducir el período a 35 - 45 años, pero 5 años no suponen prácticamente nada cuando estamos hablando de medio siglo de pago). Te darás cuenta de que no vives en una democracia sino en una dictadura. El dictador no se llama Francisco Franco, sino La Caixa, BSCH, Banc de Sabadell o, en general, 'la banca'. Ni siquiera tendrás la libertad de decir lo que piensas a, por ejemplo, tu jefe, no vaya a ser que cierre el grifo y no puedas pagar al dictador.

2) La otra solución es pagar un alquiler de por vida. En este caso el dictador se llamará Juan García, José Pérez o Pablo el arrendador. La situación no es distinta a 1).


Después de esta reflexión ten la delicadeza de no decir a un joven que su problema es que no ahorra, eso fue válido para ti en 1979, incluso era valido para algunos jóvenes en 1999, pero no en 2006, en 2006 sólo consigues cargar con más impotencia, si cabe, al muchacho. El esfuerzo de nuestros padres, sin duda alguna admirable, no era estéril (podían obtener una vivienda de propiedad en un período de 5 años). El mismo esfuerzo realizado por nosotros, los hijos, sólo llega para quizá reducir en 5 años una hipoteca de medio siglo. La vivienda nunca fue un objeto para enriquecerse, sino para vivir y es de lo poco material que sí necesitamos. La ley del libre mercado puede establecer el precio de los televisores de plasma al precio que quiera... yo no los compraré... pero nunca tuvimos que permitir que esa misma ley fijara el precio de la vivienda, porque todos Necesitamos vivir en una y no todos podemos pagarla. Los jóvenes, incluso aquellos que tenemos estudios superiores, no podemos competir'.


Forges, EL PAÍS, 2/5/2006

divendres, 3 d’octubre de 2008

A Vueltas con la enseñanza

Los exámenes

Ha salido recientemente publicado, como un globo sonda, la intención de la Generalitat de Catalunya, de realizar un examen a los alumnos que acaben la primaria (11-12 años). El examen, que no tendrá validez académica a efectos de suspender o repetir curso, dará notas numéricas (0-10) y el resultado lo recibirán los padres. Consistirá en pruebas de lectura y escritura de los 3 idiomas de la enseñanza así como de cálculo. Los representantes sindicales de los profesores se oponen a esta prueba.

No estoy del todo de acuerdo con los enseñantes. Si hay un problema, que lo hay, para solucionarlo hay que tener unos datos fidedignos y, ese examen será un muestreo de primera mano, válido y alternativo al famoso informe PISA. Temen los enseñantes que si los resultados son deficientes –que lo serán-, la sociedad los señale a ellos como culpables. Pienso que de una manera u otra, la sociedad por un lado y los políticos por el otro, se haga lo que se haga van a señalar como culpables al colectivo de enseñantes.

Privada y Pública

Y es que el problema no es de un colectivo sino de toda la sociedad, empezando por los políticos aparentemente bienintencionados que un día aprobaron una ley de educación (LOGSE) que entre sus objetivos estaba el ampliar de 8 a 13 los años académicos obligatorios. Es decir que un alumno entraría a los 3 y permanecería hasta los 16 años. Pero llevaba consigo una bomba de relojería que consistía en la supresión de exámenes para no traumatizar a los alumnos. En su día (1992) leí un artículo de un enseñante que la llamó “Burricie de diseño”. Bueno, no toda la culpa es de la ley. La LOGSE se diseñó con un gobierno y para su desarrollo necesitaba muchos recursos económicos. Luego el gobierno siguiente dejó la ley pero no aplicó ninguna partida económica adicional y el resultado ahí está: Apátridas, incultos y (a veces) analfabetos, que es el título de un libro de Patricia Gabancho sobre el sistema educativo que más adelante comentaré.

Volviendo con el famoso informe PISA y a otros estudios: Se dice, que los centros privados (concertados o no) sacan mejores notas que los públicos. Yo tengo una explicación, pero primero cabe señalar si los centros privados desapareciesen en 24h, el estado no sabría qué hacer con el alumnado. ¿Los alojaría en la universidad tal como escribió Pío Baroja en El árbol de la ciencia? Bromas aparte, España desde hace muchos años no tiene escuela pública para el 90% de la población. Ese es un dato que está ahí. No se invierte lo suficiente en nuevos centros y se da dinero público mediante concierto a centros privados. El pez que se muerde la cola. Bien; los centros privados sacan mejor nota, simplemente porque los alumnos de esos centros hacen los deberes y trabajos que se les asignan, porque sus padres están encima, los profesores están encima y muchos de los alumnos son conscientes que, tristemente es una escuela “de pago”, que pagan sus papás con muchos esfuerzos. Es así.

En cambio el panorama en los centros públicos no puede ser más decepcionante. Tengo varios testimonios de trabajos de niños de P3 arrojados a la basura en presencia del niño, incluso a las puertas del centro, alumnos que han sido expedientados son "castigados" por sus padres con un nuevo móvil, nueva consola de videojuegos u cualquier otra cosa.

Sociedad y Valores

Los culpables no son los enseñantes sino la sociedad entera y sus valores. Esta sociedad ha evitado decir “NO” a sus hijos y los ha enviado al colegio para que el profe les enseñe educación, urbanidad, buenos modales y todo lo demás. Al mismo tiempo se ha despreciado y culpabilizado al profesor como la causa de los males de la enseñanza.

Mi generación, la de los nacidos en 1963, creció con muy pocos televisores. En mi casa entró en 1971 y sólo había programación para niños en horario infantil. En cambio ahora, los niños tienen tele y ordenador –sin filtro de contenidos-, en sus cuartos. Además en horario infantil pueden acceder a programas basura y superficiales.

Mi generación creció con concursos de competitividad o astucia digamos sana. El famoso "1-2-3 responda otra vez", fomentaba la cultura general y la habilidad para leer entre líneas qué objeto escondía el premio o la calabaza. En cambio los concursos actuales, se llamen Gran Marrano u Operación Truño, consisten en que el espectador, decida quién le cae más mal (aunque sea por el color del pelo o porque es obeso) y sea expulsado del concurso. Ni es sensato ni es edificante que los niños lo vean sin siquiera la compañía de adultos.

Mi generación hacía cuentas y deberes. Los libros de texto no tenían tantas ilustraciones pero las unidades didácticas estaban agrupadas por temas (literatura, lingüística, sintaxis, comunicación, geografía, etc.) En cambio los de ahora, intentan imitar la pantalla multiactiva de un ordenador con un montón de recuadros y notas que ocultan el pírrico texto, y por ende, el tema en sí. Si a eso le añadimos que no hay exámenes, el alumno que tiene aptitud para el estudio, se abandona rápidamente en la vagancia en cuanto ve que haga lo que haga, “pasa el curso” y si se esfuerza para un 10, le ponen el mismo “progresa adecuadamente” que se le pone al que hace lo justito: 5

Si el profesor quiere que hagan un trabajo, algunos padres, mayoritariamente en la pública aparecen para decirle al profesor que es “muy severo” y que les pone muchos deberes... Definitivamente se ha perdido la cultura del esfuerzo para obtener las cosas. Los padres están menos tiempo con sus hijos y lo compensan comprando todo lo que anuncian en televisión. Si supiesen que basta con estar unos minutos por la noche para leer un cuento, con ir a las reuniones, con llevarse consigo en los viajes los trabajos y los regalos que hacen los pequeños en clase...

Falta urbanidad y sentido común

En el cine encuentras gente hablando en voz alta como si estuviese en el salón de su casa, en la biblioteca lo mismo, y en el autobús encuentras usuarios oyendo música en el teléfono pero sin auriculares y con el volumen alto. La ley retiene en los centros educativos, a desgraciados casos perdidos, al menos por una larga temporada. Su actitud no es nada beneficiosa para la labor docente, pero se cumple la ley y los profesores y los alumnos que todavía quieren estudiar les deben aguantar las “gracias” de estos "compañeros".

Gentuza

Forman parte de la generación gentuza. La que pone música a todo volumen y responden que en su casa tienen derecho a oír lo que les da la gana. La que aparca las bicicletas en la entrada de un edificio dificultando el paso a los vecinos. La que pone nombres tan originales a sus hijos como Jennifer, Yessica Jonatan o Kevin. La que no respeta una cola. La que no tiene dinero para la guardería de su hijo y en cambio fuma la marca más cara. Esa generación es consumidora de televisión y no es capaz de ni leer más palabras que las que tengan un sello de correos. La que escupe cáscaras de pias en cualquier sitio...

Apátridas, incultos y (a veces) analfabetos

Es el título del último libro de Patricia Gabancho. Se ha publicado en catalán y castellano. Refleja la experiencia en carne propia de esta periodista y de su hija, que ahora tiene veinte años, con el sistema educativo.

Apátridas porque se enseña catalán, lengua del profesor, sin más datos de lo que es y representa. Así se consigue que muchos graduados en ESO, de Catalunya, no sepan si Rafael de Casanova es un futbolista o un candidato de OT. No bromeo, se hizo una encuesta entre jóvenes de 15 a 16 años y el resultado fue decepcionante.

Incultos porque saben inglés o “globish” sin haber oído mencionar a Shakespeare. Se perderán referentes y no sólo con el castellano y el catalán.

Analfabetos (a veces): porque con lecturas pírricas y fáciles no saben leer entre líneas, no saben entender un texto, no saben leer en voz alta y, por primera vez, están al borde del analfabetismo con las faltas que hacen. Basta mirar la ortografía de los mensajes de móviles... Según la autora, el propósito de la ley era “educar para consumir o para ver Gran Hermano sin sentido crítico”.

Conclusión

Es difícil cambiar el signo de un destrozo como el que se ha producido. Hay que actuar en varios niveles. El primero, creo que está en los exámenes. Se debería volver a los exámenes, si no cada trimestre, al menos, uno en enero y otro en junio. Se debería reducir el número de niños por clase (esto hace mucho que se oye). Se debería fomentar la vida en familia frente al niño hiperactivo o hiperconectado. Quizá con la crisis, que se presume larga, cambien las cosas.


© Manel Aljama (maljama) octubre 2008