dissabte, 8 de novembre de 2008

¿Dónde están ahora los neocon?


Los “neocon” (apócope de “neoconservador”) son esa especie ávida de dinero (dólares) más que de otra cosa, surgida en las escuelas de negocios de los Estados Unidos de América. El término se acuñó a finales de los noventa, pero en esencia siguen siendo los mismos perros con distintos collares.

El Estado en Occidente
Los estados modernos, ya sean repúblicas o monarquías parlamentarias, nacieron con la Revolución Francesa de 1789. Eso de monarquía parlamentaria quiere decir que hay un rey como figura decorativa pero sin poderes legislativos. Después de esta revolución triunfó la forma de gobierno dividida en poderes: legislativo (que elabora leyes), judicial (que las aplica las leyes) y ejecutivo (que gobierna de acuerdo a las leyes) frente al sistema del antiguo régimen donde el rey asumía los tres poderes (ejecutivo, legislativo y judicial). Este sistema adoptó la democracia como forma de gobierno: el pueblo elige la asamblea legislativa y ésta a su vez nombra el ejecutivo. El poder judicial es independiente de los otros dos.

Capitalismo
En el siglo XIX, tras el triunfo de las ideas liberales de la Revolución Francesa, se dio alas al capitalismo que apostó fuerte por la industria y el comercio. Apoyados por la banca Inglaterra y Francia se repartieron toda África, India, Oceanía, etc. Por aquél entonces Estados Unidos aún no había conquistado todo el Oeste y el imperio español se iba desmoronando con cada república que se proclamaba.

Comunismo
A principios del siglo XX Rusia estaba industrializada como el resto de estados occidentales (Inglaterra, Alemania, Francia, Estados Unidos...) pero con estructuras del antiguo régimen (anteriores a la revolución industrial). La propagación de las ideas comunistas instauró un estado más moderno pero monopolizado por un solo partido. Se abolió la propiedad privada que pasó a ser del gobierno. Los trabajadores tenían garantizado sin coste alguno y a cargo del estado la escuela, la vivienda y la sanidad.

Segunda Guerra Mundial
Tras la II Guerra Mundial Europa necesitaba ser reconstruida. Las ideas comunistas gozaban de mucha popularidad tras el paso de la bota de los nazis. Los Estados Unidos hicieron mucho para crear el socialismo capitalista: un estado democrático y capitalista donde los impuestos se repartían en forma de educación, cobertura sanitaria y vivienda.

Años setenta del siglo XX
Los cálculos iniciales fueron hechos basándose en una natalidad alta. También se pensó que el ciudadano era sueco y no iba nunca a abusar de las bondades del estado... Así cuando llegó la crisis del petróleo de 1973 donde los países productores duplicaron el precio del crudo, dieron un bofetón a las economías occidentales. Lo que ahora llamamos estado de bienestar, sufrió un golpe duro. Así a finales de los setenta, en Inglaterra de la mano de Margaret Tatcher, y en Estados Unidos de la mano de Ronald Reagan los conservadores empezaron a desmontar el estado de bienestar nacido de la II Guerra Mundial. Decían que el estado no podía competir con las empresas, que estaba endeudado. Así pues se privatizaba (vendía al mejor postor) los servicios que los ciudadanos pagaban con impuestos:
  • Correos
  • Parte de hospitales o servicios hospitalarios
  • Ferrocarriles
  • Líneas aéreas
  • Televisión y radio
  • etc. etc.
Y se reducían notablemente o se regulaban a la baja las prestaciones a recibir y que los ciudadanos habían pagado religiosamente durante toda su vida:
  • Pensiones de jubilación
  • Prestación por baja o incapacidad laboral transitoria
  • Fin de la enseñanza gratuita estableciendo límites
  • Prestación por desempleo
  • etc. etc.

Caída del muro de Berlín
Competir contra el mundo capitalista y privar de todo lo que sea privado aunque sean una braguitas no funciona. Por mucho que el estado satisfaga las necesidades primarias de los conciudadanos. Pero la verdad que el modelo comunista basado en un monopartido, lo único que era común era la pobreza. No había desigualdades y todos eran igualmente pobres. En 1989 empezó a desintegrarse el sistema y, equivocadamente, países como Polonia, Hungría, República Checa y Eslovaquia abrazaron a los yuppies que habían hundido la bolsa en 1987...

Volviendo al estado
Si recordamos bien, los ciudadanos contribuyen con dinero (en forma de impuestos) y personalmente (ejército) a su estado. Así se creó el estado moderno. Los integrantes de un estado moderno pagan impuestos y el estado les compensa con educación (escuelas, universidades), sanidad (hospitales, medicina), seguridad (policía, ejército), etc. etc.

Que no salgan las cuentas no es culpa del ciudadano, aunque haya abusos entre algunos ciudadanos. Corresponde a la administración vigilar el justo reparto. Lo que no tiene lógica es pensar que por privatizar un servicio va a seguir siendo servicio. En el momento que deja de ser negocio para el empresario deja de dar servicio. Un hospital nunca será un negocio. En un centro sanitario (y este es mi ejemplo) se puede ahorrar en electricidad, combustible de calefacción, etc. pero no en radiografías o intervenciones.

En Estados Unidos, las ideas que defendían los adláteres de Reagan no venían de nuevo ya que si bien el país es la tierra para hacerse rico de la noche a la mañana, también recibes una patada y te vas a la mierda en unos minutos.



¿Y Aznar?
Aznar se presentó en 1996 como el renovador con la ideas de la Tatcher. Alguien no le avisó que a Tatcher la fulminó su propio partido, el conservador porque el destrozo que había hecho al estado de bienestar británico entre 1979 y 1990 había sido enorme. Ansar, cerró el grifo a algunas autonomías y potenció Madrid y Valencia como ejes vertebradores del país. Dio Telefónica a un amigo de pupitre. Hizo la pelota todo lo que pudo a los Estados Unidos y fomentó que la cofradía del ladrillo y la banca para que los precios se multiplicasen hasta el infinito como nunca antes había sucedido. Ahora ha vuelto a las andadas y quiere darnos su receta:
  • Reducir impuestos (o sea reducir también las prestaciones que da el estado)
  • Despido libre, para que la empresa aún pueda más
  • Nada de intervencionismo del estado: si un banco se cae peor para él ¿y a mi –mire ustez-, qué más me da?
  • Privatización de la sanidad (o de algunos servicios)
  • Nada de regular, viva Milton Friedman y al carajo Keynes. No regular nada (les suena), vamos como en los Estados Unidos.
  • Austeridad (traducción: no dar ningún tipo prestaciones como está haciendo ahora el gobierno actual del PSOE )

Es decir, que este hombre vive de espaldas a la realidad. Cuando hasta IESE o ESADE (las prestigiosas escuelas de negocios), hablan ya de regularlo todo, como si fuésemos comunistas; cuando el premio Nobel de economía de 2008 lo ha recibido alguien que detesta a Bush y Aznar por su extremado "liberalismo"... Sólo nos falta decir, Marx tenía razón, el capitalismo se deborará a sí mismo. Lástima que se equivocó un siglo.

© Manel Aljama (maljama) noviembre 2008

1 comentari:

  1. Publicado en 20minutos (14/10(2008)

    El 19 de marzo de 2004, el recién galardonado con el Premio Nobel de Economía, Paul Krugman, escribió en el periódico New York Times, un duro artículo en el que criticaba la política exterior de George W. Bush y las que denominaba "sus guerras", y expresaba su opinión sobre el repentino cambio de Gobierno en España, tras los atentados del 11-M.

    El profesor de Economía en la Universidad de Princeton afirmó que "los españoles no se intimidaron con las bombas terroristas y se rebelaron contra un Gobierno en el que no confiaban".

    Culpó del ataque terrorista a la gente equivocada

    Además, añadió que "cuando éste (el Gobierno) se apresuró a culpar del ataque a la gente equivocada (la organización terrorista ETA), intentó eliminar las crecientes pruebas (una célula yihadista) y utilizó la televisión y radio públicas para impulsar sus falsas acusaciones".

    El columnista del New York Times también hizo hincapié en que Aznar, con estas acciones, "les recordó a todos los españoles sus anteriores mentiras sobre la guerra de Irak".

    Krugman ha mostrado en muchas ocasiones, durante los últimos cuatro años, su descontento con la política de engaños orquestada por el actual Gobierno estadounidense. Incluso, ha criticado a los países europeos que apoyaron la intervención militar de EE UU, haciendo caso sólo a las palabras de Bush y sus asesores.

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